27. Impostor

Victor leía el periódico sin mucho interés. Las noticias locales del París de 1925 definitivamente no eran su pasión. Pero nunca entendió cómo le llegó la inspiración en ese aburrido momento. La cabeza de Víctor empezó a funcionar a un nivel por encima de lo normal, al acabar la noticia más relevante de esa edición.

Y no dejaría de funcionar de esa manera durante los siguientes días y semanas. Sin dejar pasar un día más, Víctor contactó con 6 de los más prestigiosos metalistas o chatarreros de París. Los citó en el Hotel de Crillon, uno de los más prestigiosos establecimientos de París de la época. Francia se había recuperado de la Primera Guerra Mundial, y París estaba en auge, lo que generaba un entorno excelente para los negocios. Y allí compartió con este gremio, lo que sería una oportunidad única para uno de ellos. Tal y como reflejaba el periódico, el mantenimiento de la torre Eiffel se había convertido en un pozo sin fondo para las arcas de la ciudad. Victor se presentó como el subdirector general del Ministerio de Correos y Telégrafos. Debido a la continua protesta pública, el asunto iba a ser mantenido en secreto hasta que todos los detalles fueran definidos.

El gobierno le había asignado la responsabilidad de seleccionar al concesionario para llevar a cabo la tarea. Les ofrecía la torre Eiffel en chatarra como salida al problema del ayuntamiento.

Estaba dispuesto a escuchar las ofertas de los comerciantes ante tal magnitud de hierro

Segundo capítulo de los condicionantes de las presentaciones. Y la de hoy es probablemente una de las faenas más difíciles que tendremos que resolver. Realizar una presentación que no has preparado tú, en ninguno de los aspectos.

Recibes el encargo y el fichero. Y a partir de ahí arréglatelas como puedas.

La verdad es que no es tan inusual esta situación: te la puedes encontrar presentando tu empresa a un cliente. Te la encuentras presentando un plan de acogida. Por supuesto una formación heredada y la peor de todas, una presentación de un compañero que ha sido baja en el último minuto y que delega en tu persona.

Lo primero de todo, no entrar en pánico, aunque es comprensible que el agobio llegue. Así que vamos a estructurarnos bien la preparación y luego la presentación.

En cuanto a la preparación 3 cosas importantes:

1 / Encuentra la historia y el objetivo global de la presentación. Esto nos permite entender la presentación desde el punto de vista macroscópico y es lo que realmente te tranquilizará desde el primer momento. Ya sabes por qué estás ahí y sobre todo el propósito principal de la presentación.

2 / Vamos al detalle: detecta los mensajes claves y en qué diapositivas están localizados. Es posible que esto no sea todo lo sencillo que quisiéramos. Cada uno tenemos una estructura mental en nuestra cabeza y el diseñador de la presentación habrá pensado un camino que no tiene por qué ser el mismo que el que hubieras elegido tú. Desgrana los mensajes y copia el camino en tu cabeza.

3/ Convéncete del mensaje. Y esto sí que es lo que marcará la diferencia. Principalmente porque antes de empezar es posible que no lo compartas. Si no te crees el mensaje, difícilmente lo vas a transmitir con propiedad.

A partir de este momento, ya eres propietario intelectual de la presentación pero la cosa no acaba aquí. Ahora hay que ponerla en juego

1/ Si dispones de tiempo y permiso para tunear la presentación, adelante. Seguro que te encontrarás mejor si la simplificas a lo esencialmente imprescindible. Es en esta situación cuando le vas a dar tu toque, el ajuste a tu marca con el que te encontrarás más cómodo.

2/ Si no puedes modificarla, o sencillamente no hay tiempo para ello, hay que tirar para adelante con ese material. Pero nadie te impide complementarla en tu exposición:

Y para hacerlo vamos a darle un toque subjetivo a la misma:

podremos aportar una experiencia personal relacionada con el mensaje: por ejemplo, un poco de storytelling siempre ayuda y engancha a la audiencia.

podremos incluir una valoración positiva personal frente al mensaje, del estilo, “esto fue lo que más me sorprendió” o “esta es mi parte favorita de lo que os voy transmitir hoy”

En definitiva, algunos giros que permitan personalizar el material recibido.

Porque me estoy dando cuenta cada día más, que realizar una presentación es cada vez más un asunto de cuenta propia.

Victor Lustig llevó a los hombres a la Torre en una limusina alquilada para realizar una visita de inspección.

En ese paseo tuvo la oportunidad de evaluar cuál de los comerciantes era el más entusiasta y fácil de engañar. Luego les comentó que la licitación se realizaría al día siguiente y les recordó que el asunto era un secreto de Estado.

En realidad, Lustig ya había decidido que aceptaría la oferta del distribuidor André Poisson, pues era el más inseguro, sentía que no estaba en los círculos internos de la comunidad de negocios de París y creía que obtener el acuerdo de la Torre Eiffel lo pondría a la altura de sus colegas.

Sin embargo, la esposa de Poisson sospechó rápidamente de la situación.

Para hacer frente a la sospecha, Lustig organizó otra reunión y entonces «confesó»: como un ministro del gobierno, les dijo, no ganaba suficiente como para mantener el estilo de vida que deseaba, por lo que le resultaba necesario encontrar una manera de complementar sus ingresos.

Poisson comprendió de inmediato: estaba frente a un funcionario del gobierno corrupto que quería un soborno.

De esta manera, Lustig no solo recibió los fondos para la concesión del mantenimiento de la Torre Eiffel, sino que también obtuvo un gran soborno.

Y así, Lustig y su secretario personal, tomaron un tren a Viena con una maleta llena de dinero en efectivo.

Sorprendentemente, no pasó nada.

Poisson estaba demasiado humillado como para quejarse a la policía.

Un mes después, Lustig volvió a París, seleccionó a otros seis vendedores de chatarra y trató de vender la Torre nuevamente.

Esta vez, la víctima elegida acudió a la policía antes de cerrar el trato, pero Lustig y Collins lograron escapar antes de que pudieran arrestarlos.