25. Explosión

Había sido un largo camino desde Cuba hasta Santander para el buque Alfonso XIII.

Francisco, su capitán, se las prometía muy felices al querer descansar al día siguiente de su llegada, cuando llegó el aviso del incendio.

Un fuego se había declarado en un barco próximo, en el puerto de Santander, y reclamaban su ayuda.

Las informaciones eran confusas pero Francisco averiguó que el incendio fue provocado por la explosión de una bombona de vidrio que contenía ácido sulfúrico.

Esta información hizo que Francisco se inquietase cada vez más por la dimensión de la tarea.

Efectivamente el barco vecino, además de barras de hierro, lingotes, cubos de hierro, clavos, raíles, hojalata, harina, vino, papel, tabaco, madera, licores, aceite… , transportaba 12 toneladas de ácido sulfúrico en toneles de vidrio y 1.720 cajas de dinamita

La magnitud del contenido en explosivos no era conocida por nadie en el puerto.

A pesar de tener la obligación de declarar tan peligrosa mercancía, el carguero no lo había hecho.

De esta manera, Francisco y casi media ciudad de Santander expectante ante este suceso, desconocía lo peligroso de la operación.

El 3 de noviembre de 1893 se convertiría en una fecha para recordar por la tragedia

El puerto empezó a abarrotarse de gente. No había un suceso de este estilo todos los días. Las autoridades, también presentes, descubrieron que el carguero disponía de esa cantidad ingente de dinamita en sus bodegas.

A esa altura del rescate, Francisco y 30 tripulantes más, ya estaban físicamente en el carguero intentando extinguir el incendio.

El tiempo corría en contra de poder aminorar el desastre

Nadie fue evacuado, ni del carguero ni del puerto.

La carga de ácido sulfúrico y dinamita estalló provocando la mayor desgracia civil española del siglo XIX.

Finalizamos el miniciclo de las dimensiones con el tiempo como protagonista

Creo que todos tenemos el concepto de que nuestro tiempo es algo muy valioso.

Pero imaginaos lo que es administrar el tiempo de los demás.

Tiempo que te han concedido para asistir a tu presentación. Así que tendremos que ser muy cuidadosos en este aspecto.

Por ello, ahí van unas cuantas consideraciones a tener en cuenta:

  • comenzar a la hora:
    • Asumimos que vamos a ser puntuales pero no tenemos por qué asumir que el resto lo será. Adaptarlos a vuestro criterio pero yo no espero a los asistentes más de 2-3 minutos después de la hora inicial.
    • Esperar a los ausentes, supone menospreciar a los ya presentes.
    • Tendrán que recuperar el tiempo perdido. Quizás penséis que esto cambia si el jefe no está presente: yo lo aplico sin excepción. Prefiero repetir algún mensaje de forma muy resumida que hacer esperar al resto de la audiencia.
  • Diseña tu presentación para el tiempo que has definido o del que dispones
    • Quizás este es el aspecto más obvio y quizás es el que lo que trabajamos. Define los mensajes, plásmalos en diapositivas y practica la presentación para evaluar el tiempo que te va a llevar.
    • Cuenta con que te van interrumpir y preguntar, así que tendrás que aplicar un coeficiente de seguridad.
    • Ya solo te queda revisar la presentación para hacer las correcciones pertinentes. No se acierta nunca a la primera.
  • control del ritmo de la presentación
    • Seguro que os ha pasado. Te enrollas al principio y al final hay que presentarlo a toda máquina. Pues no, hay que respetar todas las fases de la presentación pues todas tienen su importancia.
    • Desde el minuto 0 comencemos con el ritmo que nos permita desarrollar todo el contenido en tiempo.
    • Si no podemos hacerlo es que la presentación no está correctamente configurada o adaptada al tiempo disponible.
  • adáptate a los imprevistos
    • A veces, no te respetarán. Quizás tu presentación es la última de una serie. Y como suele ser habitual, no normal, todas las anteriores se han extendido más de la cuenta.
    • Tu tiempo para tu presentación se ha reducido. Hay que tener prevista esta situación y tener pensado qué mensajes deben sobrevivir y cuáles no. Por ello imagina esta situación con anticipación para evitar ese estrés de última hora.

La explosión, además de pulverizar al barco, afectó a casi todos los espectadores y arrasó con edificios y barrios de la ciudad.

Murieron 590 personas y se citan más de 2000 heridos. Todo ello en una ciudad de 50000 habitantes.

Fallecieron la mayor parte de las autoridades civiles y militares de Santander, incluido el gobernador civil Somoza cuyo bastón fue encontrado en la playa de San Martín, a kilómetros de distancia.

La magnitud de la explosión fue tan grande que según algunos testimonios un calabrote llegó hasta la localidad de Peñacastillo, a ocho kilómetros de distancia, y mató a una persona.

Una ermita medieval situada en la mies de San Juan de Maliaño, a varios kilómetros de distancia, no pudo resistir la onda expansiva de la explosión y también se derrumbó.

Los relatos de la aparición de restos mortales de las víctimas a mucha distancia de la explosión fueron abundantes en los días siguientes a la tragedia como la de un guardia que encontró dos piernas sobre el tejado de un almacén de maderas, a una distancia de dos kilómetros

Todos los que subieron al barco, incluidos 32 tripulantes del Alfonso XIII y el capitán del mismo, Francisco Jaureguizar, murieron en la explosión.

Pero la tragedia no acabó ese día.

Durante los meses siguientes al desastre, se intentó recuperar la dinamita restante del barco hundido.

El 21 de marzo del año siguiente se produjo una explosión como consecuencia de estas labores y murieron quince operarios.

El tiempo transcurrido, a veces, no evita las desgracias.