23. Ocultación

«Soy un hombre acabado, mi estrella se ha eclipsado», comentaba Benito cuatro días antes de morir.

Con motivo del final de la segunda guerra mundial, Benito decidió huir, hacia el norte de Italia y sin destino concreto, disfrazado de soldado en un convoy alemán .

Hizo una parada en su camino para poner a salvo a su esposa y sus hijos pequeños.

Eligió la localidad de Como, famosa por su Lago y tranquilidad para continuar camino hacia el norte

Siguió con su huída en compañía de su amante y de su hermano, que pretendían hacerse pasar por el cónsul español y esposa.

El objetivo era huir a la vecina Suiza y completar su ocultación por mucho tiempo. O quizás para siempre

La mañana del día 28 Benito y su amante descubrieron la llegada de un grupo de partisanos comunistas. El objetivo de estos era claro: ejecutar a los huidos..

Fueron capturados y llevados en coche hasta una aldea cercana.

A las 4.10 de la tarde, fueron fusilados.

Esa misma tarde sus cadáveres fueron llevados en camión hasta Milán.

A la mañana siguiente, fueron colgados cabeza abajo en una gasolinera de la plaza

Fueron sometidos a toda clase de ultrajes por la muchedumbre.

Desfigurados a golpes hasta tal extremo que sus rostros resultaron casi irreconocibles;

Horas más tarde los líderes locales decidieron cesar la exhibición y retirar los cuerpos, que fueron colocados en cajones de madera con paja en su interior

La cuestión era entonces donde depositar los restos de Benito Mussolini.

Continuamos con el ciclo de las dimensiones de las presentaciones y hoy hablamos de la ubicación. Aunque cada vez van a ser menos comunes las presentaciones presenciales, su poder para transmitir mensajes seguirá siendo superior a las presentaciones a distancia. Por ello y por si tenemos la suerte de elegir su ubicación veamos algunos apuntes interesante:

Elección de la sala. Es obvio que la tenemos que adecuar al número de asistentes, pero en caso de no tener la adecuada, más vale que sea de capacidad superior a la necesaria. No hay nada más incómodo que estar hombro con hombro con otro asistente o en doble fila.

Yo huyo particularmente de las salas en pisos superiores por un aspecto de temperatura: muy frías en invierno, muy calurosas en verano. Ya no sería la primera vez que algún asistente sucumbe al calorcito y echa una cabezada por ejemplo.

Como hablamos de presentaciones en nuestro ámbito de trabajo, elige bien donde te vas a sentar. Suelen ser salas de reuniones normales con una mesa redonda o si es modo teatro, diferentes filas de cara al “escenario”.

Como presentador y probablemente organizador, llegarás con tiempo a la sala y puedes elegir tu sitio. Mi sugerencias en este caso son:

Elige el segundo sitio más cercano a la pantalla de presentación. Mis sensaciones son que te integran mejor en la audiencia y creas un aspecto más de cercanía.

Yo elijo, en la medida de lo posible estar de espaldas a la puerta. Esto es para evitar la distracción ante el asistente tardío que todos tenemos en nuestros. No me gustan las distracciones. Si alguien entra, que se siente y sea transparente para nosotros

Seguro que si presentas habitualmente, y lo haces para tu jefe o tus responsables directos, conoces sus manías o gustos por sentarse en uno u otro sitio. Os sugiero tenerlos de frente. Los mensajes cara a cara llegan mucho mejor para los que tienen que tomar decisiones. Pero es que también te permiten evaluar en tiempo real la reacción de las personas más influyentes. Y quizás te convenga reaccionar en tiempo real a sus expectativas.

Y por último, ten un reloj en contacto directo a tu vista. Me encanta que en las salas haya relojes de pared visibles para todos los asistentes. Yo incluso he comprado e instalado estos relojes en las salas de mí trabajo. Odio aquellas presentaciones que se marchan de tiempo y por tanto no quiero caer en ese error con las mías propias.

El cuerpo de Mussolini fue colocado por miembros del Comité de Liberación Nacional (CLN) en un cajón de madera con paja y enterrado en una tumba sin nombre en el cementerio Mayor de Milán , identificada con el número 384.

El objetivo era impedir el peregrinaje de nostálgicos del dictador

La noche del 23 de abril de 1946, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, un grupo de simpatizantes fascistas robaron los restos del Duce sin saber muy bien qué hacer con ellos.

Hasta dos semanas estuvo el cadáver peregrinando por las calles de Milán en el maletero de un coche.

El coche y el aliado de Hitler daban vueltas.

El duce, muerto, escondido y olvidado, en el maletero de un vehículo fue finalmente entregado por uno de sus ladrones a un sacerdote milanés del convento de San Angelo.

Así varios meses, hasta que el sacerdote de San Angelo informó, al arzobispo de Milán, de que él tenía el cuerpo de el «Duce». Y el arzobispo informó a su vez al Gobierno.

Las autoridades eclesiásticas y el Gobierno decidieron esconder el cadáver en el convento de Cerro Maggiore, provincia de Milán.

O por lo menos, lo que quedaba de él, por las mutilaciones y el avanzado estado de descomposición.

Estuvo oculto debajo del altar hasta que el mal olor obligó a trasladarlo a un pequeño armario, donde permaneció muchos años.

El Gobierno italiano no quería devolver el cuerpo a la viuda de Mussolini, ni contemplaba la posibilidad de brindarle un funeral público.

En 1957, el Gobierno consideró que había llegado la hora de devolver los restos a la familia, que decidió darles por fin sepultura en la capilla familiar de San Cassiano.

«Sólo me apetece leer y esperar a que se cumpla mi destino». Y se cumplió, pero más de una década después.