22. Presagio

Eran las doce y media de la noche del 16 de diciembre de 1916.

Grigori bajaba por las escaleras oscuras hacia el sótano de aquella estupenda casa.

Entre otras muchas virtudes a Grigori, se le atribuía la de ver en la oscuridad.

Así que ayudó a bajar en ese ambiente oscuro a su acompañante Félix.

Una vez en el sótano, Félix encendió el fuego de la chimenea, dando la luz y el calor que tanto necesitaba la estancia.

A pesar de las horas, Félix había preparado un ágape para su compañero. Nada lujoso pero muy atractivo: unos pastelitos dulces y un vino de Madeira de acompañamiento.

Al lado del fuego, transcurría una conversación amena. Grigori era recurrentemente monotemático acerca del futuro de la nación. Otra de sus supuestas virtudes era la de adelantar las tragedias venideras, a modo de predicciones.

Aquella noche, de nuevo, insistió frente a Félix que si le ocurría algo a su persona, la familia real moriría en trágicas circunstancias. Aunque el relato era claro y diáfano, Grigori nunca hablaba de fechas en concreto.

Esa es una de las razones por la cual Félix había invitado a Grigori aquella noche.

Y como buen anfitrión, Félix volvió a ofrecer pasteles y vino a su invitado. Desafortunadamente para Félix, Grigori no quería ni beber ni probar bocado.

Félix temía que Grigori supiese la fecha de su primera predicción. Aquella que desvelaba la muerte por asesinato de su invitado y esa fuera la razón por la que rechazase de forma continuada los pastelitos de crema rosa envenenados de cristales de cianuro potásico. Ese día tenía que ser el día de la muerte de Rasputín..

Iniciamos un miniciclo de 4 capítulos en las que definiremos las dimensiones de las presentaciones.

Trasladaremos las conocidas 4 dimensiones de nuestro mundo real a las presentaciones.

Y la primera de ellas es la ubicación temporal de la presentación.

La definición del fecha, día y hora.

Porque en muchas ocasiones somos capaces de definir a nuestra conveniencia cada uno de ellos. Y si podemos, lo utilizaremos.

En cuanto a la elección de la fecha, claramente dependemos mucho de la tipología de la audiencia. 2 ejemplos:

  • Si nuestra presentación es a equipos financieros y la presentación es importante en cuanto a decisiones a tomar, los primeros y finales de mes son fechas a evitar. Las aperturas y cierres financieros no son buena época para centrar a un financiero
  • En caso de presentaciones técnicas, los finales de mes se asocian a reporting mensuales. Yo particularmente prefiero los inicios mensuales pues te ayuda a diferenciarte con respecto al típico reporting.
  • Por supuesto, te invito a que analices la tipologia especial de tus presentaciones e intentes realizar alguna prueba en función del estado de ánimo de tu audiencia

Junto con la hora la elección del día es donde más influir para un resalto óptimo de la presentación. De nuevo, y bajo mi particular experiencia, la regla general es:

  • Si necesitas una respuesta rápida, donde el plan de acción es urgente, lunes y martes es la mejor elección. La audiencia está más descansada y enchufada
  • Las presentaciones de seguimiento son para la zona central de la semana. Solo perseguimos pequeños ajustes en tu proyecto o similar
  • Y por último las presentaciones conflictivas, donde tiene baja probabilidad de éxito son para el final de la semana. La audiencia normalmente está cansada y paradójicamente están de mejor humor, pues está en puertas del fin de semana, que siempre es un período agradable.

Por último hablemos de la hora. Seguro que aquí tenemos todos las cosas muy claras.

Empiezo por las horas a evitar:

  • la primera es justo después de la comida. la audiencia se duerme o le cuesta mucho seguir conectado a la presentación.
  • La segunda es en horas cercanas al final de la jornada laboral. La gente estará más pendiente de la hora y el momento en que finalizarán

Por el contrario, si necesitas a la audiencia muy conectada, la primera hora es la favorita. Estoy seguro que ya lo conocías pero nunca está demás recordarlo.

Grigori, ó Rasputin como era conocido, sucumbió a la tentación y atacó sin piedad a los pastelitos. Ingirió tanto veneno como para tumbar a un regimiento. O eso pensaba el príncipe Félix Yusúpov.

Pasaban los minutos y a parte de no encontrar una conversación lo suficientemente amena entre ambos, no ocurría nada extraño. Ningún síntoma de envenenamiento.

Félix no podía resistir la idea de que Rasputín la idea de que cayera muerto al suelo cuanto antes. Así que salió de la estancia y fue a recoger un revólver cargado.

Volvió al sótano y disparó en el pecho a Rasputín que cayó al suelo. Por fin tenía lo que estaba buscando toda la noche, Rasputín yacía encima de una alfombra de piel blanca y su sangre la empapaba a marchas forzadas.

Félix abandonó al cadáver y marchó a informar a sus cómplices, situados en las estancias superiores, del resultado final.

En sus memorias, Félix refirió que al poco tiempo sintió unas ganas irrefrenables de ver de nuevo el cadáver.

Regresaron todos juntos al lugar del crimen, zarandearon el cuerpo y lo notaron aún caliente. En ese momento, Rasputín abrió los ojos y los clavó en el rostro de su asesino. A continuación se puso en pie y cogió a Félix por el cuello con su fuerza descomunal. Cuando el príncipe logró desasirse, Rasputín, que no paraba de repetir encolerizado el nombre de Félix, salió huyendo por la escalera, camino del patio.

Ya en la calle fue abatido por los disparos de al menos dos hombres.

El cadáver apareció flotando, con el torso desnudo, en las aguas heladas del Neva durante la mañana del 19 de diciembre. Tenía la cara desfigurada; agujeros de bala en el tórax, la espalda y la cabeza. Era extraño: conservaba las manos en alto. Según informaron los médicos encargados de la autopsia, Rasputín aún estaba vivo y trataba de romper sus ataduras cuando fue arrojado por sus asesinos a un agujero practicado en el hielo bajo el puente del Gran Petrovsky.