20. Entierro

A su regreso a casa, tras la segunda guerra mundial, introdujo los negativos de su fotos en un baúl y lo cerró con llave.

Eran demasiado duras incluso para él, que había estado en el momento de tomarlas, viendo la realidad en directo.

Joseph se sentía emocionalmente incapaz de verlas.

Como sargento de infantería de Marina, se le encomendó documentar los efectos de los bombardeos de Estados Unidos, y pasó siete meses fotografiando la devastación de Japón. Su primer objetivo fue Nagasaki, casi totalmente destruida por una bomba atómica el 9 de agosto de 1945 y tres días después de que Hiroshima sufriera un ataque similar.

Joseph también tuvo la oportunidad de acudir a otras ciudades que habían sufrido bombardeos con armas convencionales. Llevaba dos cámaras. Con una sacaba fotos para el Ejército; con la otra, las hacía para él.

Una de esta fotos muestra a un niño japonés de unos 9-10 años.

Viste una camisa y un pantalón corto, propio para las temperaturas de agosto en Japón.

Está descalzo, esperando su turno en un arcén de un camino.

Rapado el pelo, su cara es firme y refleja una entereza un poco desconcertante

Ha usado unas cintas a modo de bandolera para transportar a su hermano a sus espaldas.

Su hermano de 1 año, muerto, deja caer su cabeza y brazos inertes al vacío.

Su hermano espera turno para el servicio de crematorio de las víctimas y despedirse para siempre de su hermano.

Quizás os haya pasado, pero yo os confieso que también he tenido algún proyecto muerto a mis espaldas.

Son esos tipos de proyectos que nacieron bajo unas condiciones aptas y que tras unos meses cambiaron para dar al traste con el proyecto.

O quizás era un proyecto más ambicioso de lo habitual.

O por qué no decirlo, un proyecto sin el éxito que se pretendía por medir mal los riesgos del mismo.

La cuestión es que este proyecto está muerto y hay que enterrarlo.

Debemos preparar su funeral profesional con una presentación de fin de proyecto.

Y es aquí cuando viene lo interesante.

Lo primero que te vendrá a la cabeza es el desazón de tener que preparar esta presentación. Y es lógico:

  • Es un triste desenlace para tanta ilusión en el proyecto
  • Es un embarazoso momento para la organización tener que cancelar su plan inicial
  • Es desolador pues se pierde mucho tiempo con respecto a tu competencia
  • E incluso es vergonzoso, pues has cometido errores que han echado al traste todo el proyecto

Una de las primeras intenciones que debemos desechar es flagelarnos durante la presentación. Porque nadie va a sentir pena por nosotros. De nada va a servir el decir lo desgraciaditos que somos por los cambios de circustancias etc etc.

Otro de los aspectos que también evitamos es presentar el esfuerzo realizado durante el proyecto como eje central del mismo. Nadie está interesado en escuchar por activa y por pasiva lo mucho que se ha luchado por el proyecto para vernos en esta situación.

Abandonadas estas dos opciones, resumiremos al máximo para quitarnos el muerto de encima con la mayor dignidad posible.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones mostramos el objetivo incial, el estado final hasta donde el proyecto llegó y las principales razones por lo que no se pudo avanzar. Breve, conciso y sin calificaciones emocionales, es decir, solo con razones objetivas.

Es posible que nosotros tengamos ganas de finalizar este particular via crucis, pero casi estoy seguro, de que tu audiencia está más interesado que tú en pasar página lo antes posible.

Pero seguro que ya sabrás que las cosas no son tal fáciles como quisiéramos. Y pueden pedirte más explicaciones. Es el momento de realizar una análisis post mortem, pero eso ya será en un próximo capítulo …

La identidad de este niño, y de la suerte que corrió sigue siendo un misterio

El hilo más cercano para conocer su historia lo tuvo Masanori Muraoka quien tenía 11 años en el momento de la fotografía. Reconoció al niño de la foto de Joe O’Donell pues había jugado en alguna ocasión con él. Pero no recordaba su nombre.

Y recordaba el momento recogido en la fotografía. El niño que portaba a su hermano le explicó que su madre no estaba con ellos y no sabía donde estaba. Masanori le intentó consolar sugiriéndole que estaría buscándolos. El niño, desvió su mirada y continuó colina abajo con su hermano.

Masanori buscó los registros de la escuela compartida buscando la identidad de su vecino. Pero estos archivos habían desaparecido quemados durante un incendio

El cuaderno que detalla cómo investigó la identidad del niño ha sido donado al Salón Nacional en Memoria de la Paz de Nagasaki para las Víctimas de la Bomba Atómica, que reúne y conserva elementos de supervivientes de la bomba atómica.

Por su parte, Joe O’Donell, casi medio siglo después, sintió tal repulsa que se lanzó a protestar contra las armas nucleares. En 1995 publicó en Japón un libro con muchas de esas fotos, y una década después otro libro en Estados Unidos. Dio conferencias y montó exposiciones en ambos países.

Después de la guerra, O’Donnell se trasladó a Washington y durante un breve periodo dirigió su propio estudio de fotografía y finalmente se convirtió en fotógrafo oficial de la Casa Blanca gracias a conexiones familiares.