18. Anticipación

Herman era un hombre de buena fé. De eso no había duda.

Y la situación de su país, Alemania, donde el paro crecía de forma galopante y la inflación se cebaba con los más necesitados, le hacía buscar soluciones para evitar mayores sufrimientos. Y la situación no era mucho mejor en el resto de la Europa de los años 20.

Pero Herman pensaba a lo grande, nada de parches. Tendría que encontrar solución para su país, o no, mejor para los países de Europa, o mejor todavía para Europa y África de paso.

Como si de un arquitecto mundial se tratara, los mapas del continente y otros tantos mundiales se amontonaban en su escritorio. En 1928, su proyecto ya tenía las bases muy definidas, y estaba listo para presentarlo a nivel local y por qué no a nivel mundial.

Herman decidió iniciar la promoción. Una exposición itinerante viajaba por Alemania y Austria para promover el proyecto, y también para recaudar fondos para el inicio de las obras

La difusión del proyecto, tenía unos resultado limitados, anclado por la situación global de su país

Algo que parecía iba a cambiar con la llegada al poder en 1933 del partido nazi.

Herman albergó grandes ambiciones sobre su proyecto y decidió presentarlo al equipo de Adolf Hitler.

Estableció contacto con el nuevo poder, y se dispuso a buscar el apoyo definitivo. Su proyecto de ámbito faraónico, para un gobierno de ambiciones de la misma envergadura.

La exposición estuvo más que bien argumentada: llevaba años de promoción y no hubo detalle que no quedara cubierto. Proporcionó numerosos planos y dibujos. Los objetivos estaban claros desde el primer momento y los beneficios eran para Herman irrechazables.

Para su desgracia, el nuevo gobierno alemán tenían otros planes.

Quizás en nuestros trabajos no tengamos que hacer nunca una presentación de proyectos faraónicos.

Pero dentro de nuestro perímetro, seguro que en alguna ocasión tengamos que hacer una presentación de corte disruptivo: la modificación organizativa de nuestro departamento, la presentación de la hoja de ruta para los próximos años, etc.

Antes de analizar cómo afrontar este tipo de presentaciones, os cuento cuales han sido las diferentes respuestas de la audiencia en estas ocasiones. Analizadas las reacciones, crearemos un consejo para minimizar los aspectos negativos y maximizar los positivos.

  • Si en la audiencia está nuestro aprobador, recordemos lo dicho en ocasiones anteriores: a los jefes no les gusta tomar decisiones. Por ello podemos esperar reacciones del tipo
    • No quiero saber nada: frase para ese responsable que no tiene el menor interés en complicarse la vida
    • Peligro peligro, esto tiene pinta de cambiar el orden establecido, frase para ese responsable que no tomará ninguna decisión hasta no verlo claro por activa y por pasiva, o en caso contrario no aprobará la propuesta inicial
    • Esta idea o propuesta es la bomba y perfecta para nosotros, pero esta frase es ciencia ficción pues nunca me la he encontrado. Así que este apartado, lo he desechado de todas mis posibilidades futuras

En realidad os engañaría si os dijera que no sueño con esa última posibilidad. Sería fantástico salir entre aplausos pero esto es el mundo real y ante grandes cambios, casi nadie se va embarcar en esos barcos. Y hasta cierto punto es normal.

Trabajando por tanto con la hipótesis de que las reacciones serán siempre de un primer rechazo, la propuesta a la hora de preparar este tipo de presentaciones es la anticipación. También lo habíamos visto anteriormente pero para proyectos de gran envergadura es esencial.

La primera propuesta por tanto es hacer llegar la presentación y sus conclusiones al responsable con unos días de adelanto. Una vez realizado esto, puede ocurrir …

  • Que obtengamos una respuesta rápida antes de la presentación definitiva, lo cual será perfecto pues no permitirá adaptar la dirección de la misma, yendo al momento definitivo con una camino allanado
  • Pero si no recibimos respuesta, es esencial realizar una remarca en nuestra presentación de que el proyecto ya lleva en manos de tu responsables desde hace unos días. En este punto acabamos de incluir de forma activa al mismo y tenemos un antídoto contra el pasota (primer tipo de reacción) y tendremos un catalizador contra el responsable menos reactivo

La respuesta del gobierno nazi a Herman Sorgel fue negativa.

Aunque no se rendiría hasta su muerte en 1952, sin apoyos, el proyecto Atlantropa no se vió nunca realizado

El proyecto perseguía 3 objetivos muy claros

  • Estaba dirigido principalmente a la producción de energía,
  • La aparición de nuevas tierras por el descenso del nivel del Mediterráneo y, finalmente, a
  • La unión entre los continentes europeo y africano.

Era la solución propuesta por Herman Sörgel para resolver los problemas de la civilización europea. Europa tendría un suministro inagotable de energía (combustible y electricidad), y ello habría permitido unir a los europeos en un proyecto pacífico común, proporcionando nuevas tierras para la agricultura y la industria y uniendo, al mismo tiempo, al continente con África.

En otras palabras, habría ayudado estrechar lazos entre Europa y África, lo que, según su inventor, habría tenido numerosos efectos: asegurar el suministro de materias primas, la irrigación del Sahara y la creación de un centro geopolítico mundial en Ginebra.

Y para realizarlo, su idea principal era la desecación parcial del Mar Mediterráneo.

Para conseguirlo, se necesitaba la construcción de una inmensa presa hidroeléctrica de 35 km de longitud en el estrecho de Gibraltar, lo que habría permitido aislar el mar Mediterráneo del océano Atlántico.

Dicha presa permitiría la producción equivalente a 31 EPR. La presa fue diseñada por Bruno Siegwart, y debía incluir centrales hidroeléctricas subterráneas.

En ese caso el mar Mediterráneo habría disminuido un 20 % su nivel. Esto habría permitido ganar 233.000 km² de terreno baldío, que es casi la superficie de Rumanía, sobre todo en el Norte de África.

Estaban previstas, además, dos vías férreas, lo que habría permitido enlazar Berlín, Roma y Ciudad del Cabo.

El proyecto preveía también la construcción de una segunda presa de menor envergadura entre la bota italiana, Sicilia y Túnez. De ese modo, el Mediterráneo se habría dividido en dos cuencas, la occidental con un nivel de 100 metros inferior al normal, mientras que el nivel de la cuenca oriental habría sido inferior a 200 metros. La presa situada entre estas dos cuencas también permitiría la producción de energía eléctrica, con vistas a un agotamiento a largo plazo de los recursos de carbón y petróleo.

De este modo, Europa se habría encontrado en posesión de recursos energéticos suficientes para todo su territorio.

Herman Sörgel consideraba como poco importantes algunos de los problemas planteados. Estos problemas iban desde riesgos de cambio climático hasta riesgos terroristas, pasando por el destino de África.

Y por supuesto los problemas ecológicos que se derivarían de la ausencia del Mediterráneo.